La Cuisine (IV): Salmorejo

Como bien cantaba Amaral: aún quedan días de verano… y por esa misma razón hoy traemos una receta veraniega bien fresquita; el salmorejo casero.

Para esta receta vamos a utilizar una batidora de vaso donde iremos añadiendo todos los ingredientes y mezclaremos posteriormente.

INGREDIENTES:
– 1 trozo de pan
– 7 u 8 tomates de malla (1 + o – según el tamaño)
– 1 diente de ajo
– Sal
– Vinagre de manzana
– Aceite


PASOS:
1. Metemos el pan en el vaso y lo cubrimos con agua para que se ablande.
2. Lavamos los tomates que vayamos a utilizar, hay gente que prefiere pelarlos quitándole la piel, pero en esta receta la usaremos.
3. Retiramos el agua del vaso y espachurramos el pan para que esté bien repartido por el recipiente en trocitos y poder ir añadiendo los tomates.
4. Cortamos los tomates quitándoles el pedículo (puntito verde de la mitad) y añadimos los trocitos al vaso.
5. Añadimos el diente de ajo cortándolo por la mitad para quitarle el parte picante del interior.
6. Añadimos la sal, el vinagre y el aceite, como si estuviéramos aliñando la mezcla.
7. Enchufamos la batidora y trituramos todos los ingredientes.
8. Apartamos en un recipiente de cristal y lo metemos en el frigorífico.
9. Una vez frío, podremos servirlo y decorar al gusto ya sea con picatostes, jamón y/o huevo cocido.

Cactus y Globo (III)

Un día, cansado de esperar al día del hallazgo final, Eric cogió a Globo y le pidió permiso a su madre para explorar la zona con la condición de no alejarse demasiado. Se vistió como un pequeño explorador e incluso ató una pequeña brújula a la cuerda de Globo para que él también se sintiera parte del equipo. Rosa, la madre de Eric, al verlos de esa guisa no pudo contener la risa y decidió hacerles una foto para inmortalizar aquel momento antes de dejarles marchar.

Eric se sabía de memoria el camino hasta donde trabajaba su padre, así que se pasó con Globo a saludarle y a enseñarle el mapa que habia dibujado con la ruta que iban a tomar ese día. Jorge presumió de hijo delante de todo su equipo y le dio un pequeño hallazgo a su hijo a modo de amuleto para que le diera suerte en su pequeña aventura.

Comenzaron el pequeño viaje por las dunas del desierto, a su paso se encontraron con algunos beduinos que hacían de anfitriones para algunos turistas. Globo estaba emocionadísimo siguiendo las indicaciones de Eric, al llevar la brújula se sentía el guía de la expedición puesto que Eric la consultaba de vez en cuando para contrastar sus movimientos con el mapa.

Sin embargo, la brújula que hacía un poco de contrapeso se soltó y Globo empezó a ascender con el viento y a alejarse de Eric. Éste comenzó a gritar y a correr tras él para intentar alcanzarlo, pero cada vez volaba más y más rápido… hasta que desapareció ante sus ojos. Comenzó a llorar, su mejor amigo se había perdido y ahora él lo estaba también sin él.

Globo seguía gritando el nombre de Eric sin obtener resultados… y empezó a descender hasta que acabó enganchado en un sitio puntiagudo. Jamás había estado en un sitio así… aturdido, abrió los ojos y se encontró con un ser verde que le miraba asustado… ¡Era Cactus!

Cactus le preguntó si estaba bien, que quién era y qué hacía allí y Globo le empezó a contar todo lo ocurrido hasta que reparó en el maravilloso paraíso que se escondía detrás de él. Cactus se movió un poco para obstaculizarle la visión y le dijo que él era el guardían de esa puerta y que no podía dejar pasar a nadie a menos que hubiera un gran motivo de peso, que sentía mucho que se hubiese perdido, pero que tenía que marcharse de allí de inmediato. Globo aún perturbado por lo ocurrido le dijo que ya que le había contado su historia, él debía contarle la suya y no solo el titular de que era el guardian, entonces Cactus le dijo que tenía que consultarlo con su tribu así que debería volver otro día para saber si podía conocer la historia y que para ello podía traer a su amigo Eric como testigo.

Ante tal propuesta, Globo no tuvo más remedio que aceptarla. Pero tenía miedo de que no pudiera volver porque en primer lugar aún no sabía dónde estaba él ni mucho menos dónde se encontraba Eric; no obstante, Cactus le dijo que no se preocupara, que tenía un superpoder en sus espinas y que llegaría hacia donde estaba su amigo sin ningún problema.

Globo temía que con el esfuerzo de Cactus, alguna que otra espina terminase saltando también y acabase pinchando su lado rojo, pero no fue así. Cactus convenció a Globo para que se enganchara con fuerza a una de sus espinas, que él se iba a concentrar para lanzarle hasta Eric. Cumplió lo prometido de un impulso, Globo recorrió todo el camino que hizo volando perdido hasta divisar a Eric que aún seguía en la arena del desierto buscándole.

Se fusionaron en un abrazo, casi a punto de estallar a Globo de la emoción, Eric se secó las lágrimas y le preguntó a Globo dónde había estado y cómo había conseguido volver, entonces su amigo le contó que había visto un sitio maravilloso e incluso había hecho un amigo, Cactus, le había prometido volver al día siguiente, pero Eric aún con el miedo en el cuerpo decidió que esperaran unos días para retomar la aventura. Volvieron juntos a casa con la promesa de no decir nada de lo acontecido, esperando con ansias que llegara el día de la visita a Cactus.

Vuelve La Sala

Hace unos meses cuando todo se quedó en silencio, la música vino a salvarnos de nuevo, de balcón a balcón, acompañando a los aplausos que tanto aliento y ganas de seguir adelante mostraban. La situación del momento mandó la música a otra parte y la industria tuvo que reinvertarse; conciertos en línea a través de diversas plataformas de streaming, música al aire libre, etc.

Pasó el tiempo y parecía que se empezaba a ver un poco la luz al final del túnel y entonces fue cuando volvieron ellos, los conciertos, pero los de casa, los de siempre, los que empezaron en pequeñas salas como esta: La Sala, situada en la Plaza del Pumarejo de Sevilla.

La vuelta de la música en las pequeñas salas siguiendo las medidas de seguridad y protocolos covid oportunos me animó a asistir a mi primer concierto de esta nueva era y qué mejor estreno que con Georgina, la cantautora venezolana a la que llevaba años queriendo ver en directo y que por incompatibilidad de agenda nunca podía ir a ninguno de sus shows.

Es difícil poner en palabras las emociones que sentí en aquel evento, una extraña sensación por como nos encontrábamos, pero a la vez un refugio acogedor en el que quería permanecer por mucho tiempo y el arte de Georgina hizo que el mundo se parara para darnos la Bienvenida a su habitación y que todos disfrutásemos con sus canciones.

Os dejo un pequeño fragmento de “Soñador” para acercaros a ese momento:

Georgina – Soñador (10/10/2020, La Sala)

Desgraciadamente, la situación sanitaria volvió a empeorar y la Sala tuvo que cerrar sus puertas hasta nuevo aviso. Las restricciones y nuevas medidas antojaban imposible una vuelta a los escenarios…

No obstante, la llegada de las vacunas y el cumplimiento de las medidas con el paso de los meses fueron allanando el terreno. Fue entonces cuando decidieron volver a encender las luces de su casa a través de El Show de la Sala que comenzó esta semana (martes y jueves). En él, grupos y artistas emergentes de Andalucía se suben al escenario para mostrar su talento, eso sí, con aforo reducido de público, medidas de seguridad y siguiendo todos los protocolos pertinentes.

Ayer decidí asistir a este show para ver actuar a un viejo amigo y acabé sorprendida con el talento que tenemos en nuestra tierra y que no ocupa portadas ni sale en televisión. Me gustaría poneros el cartel en el que aparecen todos los nombres de los artistas, pero lamentablemente no lo tengo, así que nombraré a algunos y espero que el resto me perdone. Entre los valientes de anoche estaban: Punkpignela, Berna Troya, Peele Pagarc, Ale Amado y Andaluseed.

Andaluseed, como su propio nombre indica, son dos semillas andaluzas que están creciendo y enraizando la cultura andaluza a través de la música; Cristian a la guitarra y Manuel al fagot, dos voces cálidas que nos transportan a los rincones más bellos de nuestra tierra.

“La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio” —Victor Hugo.

Cheap Queen Trips (II): BERLÍN

Dicen que cuando viajamos lo hacemos tres veces: cuando lo planeamos, cuando lo vivimos y cuando lo recordamos. Hoy quiero recordar con vosotros mi viaje a Berlín en 2017. Éramos 3 adultos que salimos con vuelo directo desde Sevilla; el billete de ida y vuelta nos costó menos de 100€ y solo facturamos una maleta común porque llevábamos cada uno nuestra maleta de mano individual. Emprendimos el viaje el 26 de enero (jueves) para volver a España el 31 de enero (martes).

Alquilamos un apartamento con balcón y wifi a través de Booking que nos costó 220€ en total. Cuando salimos del aeropuerto, cogimos el cercanías hasta la Estación del Jardín Zoológico de Berlín, comimos por los alrededores y nos pusimos a buscar el apartamento que estaba situado a unos 800 metros de la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, unos diez minutos andando. Como se nos hizo un poco tarde para contratar un Tour ese día, decidimos acercarnos a un supermercado que teníamos en la esquina para comprar provisiones y dar una vuelta por nuestra cuenta visitando algunos lugares emblemáticos como el centro comercial de Postdamer Platz que por la noche con toda su iluminación parecía más llamativo.

Llegamos hasta la Puerta de Brandenburgo puesto que al día siguiente sería nuestro punto de encuentro para el Free Tour que habíamos reservado online a través de esta web: https://www.neweuropetours.eu/es/sandemans-tours/berlin/tour-gratis-de-berlin/ Un recorrido de 3 horas por algunos de los lugares más emblemáticos de Berlín con un guía español, pasando por el búnker de Hitler que actualmente es un aparcamiento de una zona residencial, el Monumento a los judíos asesinados en Europa, las marcas del muro de Berlín que estaban en el suelo y que nos explicaron que no fue un muro como tal sino una valla de control, el Checkpoint Charlie, la Gendarmenmarkt, el monumento en memoria de la quema de libros de Bebelplatz, etc. El Free Tour consiste en una visita guiada en la que tú pones el precio del recorrido y trabajo del guía, es decir, son las propinas que se dan al final de la visita las que lo pagan. Aprovechamos que estábamos cerca de la Catedral de Berlín para visitar sus alrededores y probar las famosas Currywurst.

Otro día fuimos a visitar el barrio judío (Scheunenviertel) donde la decoración de sus patios destaca notablemente. Cerca de allí se encontraba el callejón del Ampelmann, el muñeco de los semáforos que tiene hasta tienda de merchandising propia.

En el momento de planear nuestro viaje, estuvimos mirando las excursiones que podríamos hacer y una de ellas fue al lugar conmemorativo y museo de Sachsenhausen (el campo de concentración de Oranienburg). Esta excursión la reservamos y pagamos antes de llegar a Berlín a través de Civitatis; nos costó 14,20€ por persona. El punto de encuentro con la guía era en Alexanderplatz y de ahí cogeríamos el tren hasta Oranienburg. La verdad que fue una visita que nos impresionó mucho, porque al salir de la pequeña estación te encuentras con un barrio residencial totalmente ajeno a lo que fuimos a visitar.

Cuando entramos en aquel lugar nos sorprendió la inmensidad de aquello, había un gran bosque y algunas casas antes de cruzar la valla del campo, una de ellas estaba justo enfrente y era de color verde, nos contaron que a aquella casa la llamaban el monstruo verde, porque era el casino donde iban a jugar los soldados por la noche y en el que tenían que servir algunos prisioneros del campo. Cruzamos la valla en la que estaba escrito “Arbeit macht frei” (el trabajo te libera) y entramos en el campo como tal. Una sensación de frío y silencio te recorren por el cuerpo al admirar todo aquello y pensar en todo lo que se vivió allí…

Otra mañana la dedicamos a visitar la Isla de los Museos y en concreto el Museo del Pérgamo y el Neues Museum, donde se encuentra el busto de Nefertiti. En aquella sala donde se encuentra no permiten hacer ningún tipo de fotografía y visto en persona la verdad es que merece la pena la visita.

Algunos otros sitios que visitamos a lo largo de esos días fueron la East Side Gallery (los famososo grafitis del muro de Berlín), la Columna de la Victoria ubicada en el parque Tiergarten, la Estatua de San Jorge y el dragón junto con la Iglesia Nikolai en el barrio de San Nicolás, el reloj mundial de la Plaza Alexanderplatz, etc.

Finalmente, nuestra última visita reservada online el día anterior fue a la cúpula del Parlamento de Berlín (Reichstag) donde pudimos divisar la ciudad de noche toda iluminada.

Recuerdo el frío que pasamos a pesar de llevar bastante ropa de abrigo; una mañana esperando al metro nos dio por mirar la temperatura y hacía -4ºC pero la sensación térmica era aún más baja, se te calaban hasta los huesos, así que si tenéis la intención de viajar a Berlín por esas fechas, id bien abrigados.

La anécdota del wifi es algo curiosa porque a pesar de tener las claves y todo, no conseguíamos encontrar la conexión en el apartamento, pero la última noche, decidimos darnos un pequeño homenaje y organizamos un pequeño picnic en la zona de la entrada del apartamento, enfrente de la cocina, y de repente nos llegó la cobertura wifi del apartamento. Estábamos respondiendo a nuestros allegados enviando fotos del viaje cuando una pequeña visita a la cocina iba a hacer que saltáramos como un resorte… ¡¡estaba nevando!! Corriendo salimos al balcón a inmortalizar el momento, era la primera vez que veíamos nevar en persona y nos había tocado en Berlín. La estampa era preciosa, pero lo fue aún más al día siguiente cuando teníamos que dejar el apartamento y emprender nuestro viaje de vuelta hasta el aeropuerto. Las imágenes parecían sacadas de una película: las vías del tren que pasaban por mitad de los bosques todas nevadas.

La Cuisine (III): Torrijas

Con motivo de la Semana Santa, hoy traemos un famoso plato típico de estas fechas: las torrijas.

INGREDIENTES:
Pan de torrijas
Vino blanco
Miel
3 huevos
2 clavos
1/2 rama de canela
Aceite
Agua

PASOS:
1. Apartamos en un plato hondo el vino blanco con 2 clavos.
2. Batimos los huevos en otro plato.
3. Ponemos a calentar el aceite en una sartén (medida para freír).
4. Cogemos el pan de la torrija y lo mojamos en el vino, luego lo pasamos por el huevo batido y a continuación lo freímos.
5. Repetimos el paso anterior con el resto de panes y los apartamos en otro plato para quitarles el exceso de aceite.
6. En una cacerola ponemos la miel a calentar a fuego lento y le echamos un poco de agua para quitarle espesor, añadimos la canela y seguimos removiendo. Cuando notemos una textura más suave, la apartamos.
7. Colocamos los panes fritos en una bandeja y vamos añadiendo la miel por encima de cada fila.
8. Dejamos enfriar a temperatura ambiente y servimos.

Micromomentos #8

Eran dos almas gemelas dispuestas a encontrarse, cada una había recorrido una vida totalmente opuesta a la otra, era impensable que pudieran congeniar tan bien habiendo experimentado situaciones tan diversas. Emprendieron un viaje a lo desconocido con ganas de encontrar el giro de sus vidas y a mitad de camino acabaron coincidiendo. Nadie supo cómo, ni porqué, pero enseguida se convirtieron inseparables. Todo lo que para los demás eran incompatibilidades, para ellas se abría un punto en común.

¿Cuál fue el secreto?

He aquí lo que las unió: un corazón roto.

Como bien dijo Emily Dickinson una vez, nadie se acerca a un corazón roto sin el alto privilegio de haber sufrido lo mismo.

Después de todo

Ha pasado un año desde que comenzamos a ser conscientes de lo que acontecía a nuestro alrededor y que poco a poco fue llegando hasta nosotros. El caos que trajo la pandemia, la incertidumbre, el miedo, las pérdidas… Dijimos que saldríamos más unidos y más fuertes de todo esto, pero 365 días después parece que nada ha cambiado realmente.

La inestabilidad se erige como palabra clave de todo este proceso, como consecuencia de las metas a corto, medio y largo plazo que se han ido postergando por los diferentes giros de guion. Esos giros de guion que nos han sacudido y trastocado cualquier plan A y plan B dejándonos en un mar de dudas cada vez más inmenso. Quizás el hastío que sentimos venga de la mano de todas esas promesas incumplidas que se han quedado en palabras desordenadas cuando la cruda realidad llamaba a la puerta para que al despertar viésemos que seguíamos dentro de la pesadilla.

Hemos arrimado el hombro, hemos cambiado nuestro modo de vida y nos hemos adaptado a eso que decidieron llamar “la nueva normalidad”, pero nos hemos dado cuenta de que lo que teníamos antes tampoco era “normalidad” porque estamos llenos de diversidad y es lo que nos hacía crecer a diario. Nos encariñamos de las costumbres que nos hacían evadirnos de las dificultades del día a día y por desgracia, algunas de ellas no han podido reinventarse para acompañarnos en esta nueva etapa.

Con la llegada de las vacunas, todo un gran avance en esta lucha, parecía que se empezaba a ver la luz al final del túnel y de hecho para algunos así lo está siendo. Sin embargo, las malas costumbres que teníamos antes, parecen que se han agravado y persisten a pesar de todo; intereses propios o económicos, poder, política, etc. han conseguido que deshumanicemos las cifras que siguen existiendo y que se conviertan en meros números estadísticos que no tienen que ver con nosotros porque ya no llevan nombres y apellidos.

¿Qué nos ha pasado?

La verdad es que pensábamos que la pandemia iba a desaparecer con el cambio de año y que las medidas se aliviarían para movernos libremente por el mundo y creo que aún no somos conscientes de que no estamos en igualdad de condiciones y que algunas medidas llegaron para quedarse durante bastante tiempo, no son un castigo como algunos piensan, sino un salvavidas que tenemos que aprender a usar si no lo hemos hecho ya.

Todos soñamos con el “cuando todo acabe”, hay días que lo vemos más cerca y otros en los que la incertidumbre se apodera de nosotros y no nos deja ver con claridad las pequeñas cosas que tenemos delante y que hacen que tirar para adelante nos libere del miedo. No estamos en el tiempo de descuento aún, pero os animo a seguir remando en este barco de remo que tuvimos que construir en cada balcón, cuando los aplausos eran nuestra única gasolina. Ahora tenemos más alicientes para seguir luchando, así que aguantemos el chaparrón si tiene que llover de nuevo, porque sí, porque vendrá el arcoíris y aquí estaremos para inmortalizarlo. Porque después de todo, seguimos aquí.

La Cuisine (II): Bizcocho de chocolate

Bizcocho de chocolate

Hoy traemos un plato especial apto para toda la familia, sobre todo para los más pequeños de la casa: bizcocho de chocolate casero.

INGREDIENTES:
1 yogurt natural (utilizaremos el recipiente como medidor)
3 huevos
Azúcar (2 vasos de yogurt)
Aceite de oliva (1 vaso de yogurt)
Harina (2 vasos de yogurt)
Chocolate en polvo (1 vaso de yogurt)
Mantequilla
1 sobre de levadura

PASOS:
1. Precalentamos el horno a temperatura elevada.
2. En un cuenco, batimos el yogurt con los huevos y el azúcar.
3. Agregamos el chocolate en polvo y la harina y lo mezclamos todo.
4. Añadimos el aceite y después la levadura y mezclamos todo.
5. Engrasamos un molde con la forma que queramos que tenga el bizcocho con un poco de mantequilla.
6. Vertemos la mezcla en el molde y lo introducimos en el horno.
7. Lo ponemos a hornear a 180º durante 30-45 minutos.
8. Cuando se enfríe, lo servimos y decoramos al gusto.