La Cuisine (III): Torrijas

Con motivo de la Semana Santa, hoy traemos un famoso plato típico de estas fechas: las torrijas.

INGREDIENTES:
Pan de torrijas
Vino blanco
Miel
3 huevos
2 clavos
1/2 rama de canela
Aceite
Agua

PASOS:
1. Apartamos en un plato hondo el vino blanco con 2 clavos.
2. Batimos los huevos en otro plato.
3. Ponemos a calentar el aceite en una sartén (medida para freír).
4. Cogemos el pan de la torrija y lo mojamos en el vino, luego lo pasamos por el huevo batido y a continuación lo freímos.
5. Repetimos el paso anterior con el resto de panes y los apartamos en otro plato para quitarles el exceso de aceite.
6. En una cacerola ponemos la miel a calentar a fuego lento y le echamos un poco de agua para quitarle espesor, añadimos la canela y seguimos removiendo. Cuando notemos una textura más suave, la apartamos.
7. Colocamos los panes fritos en una bandeja y vamos añadiendo la miel por encima de cada fila.
8. Dejamos enfriar a temperatura ambiente y servimos.

Micromomentos #8

Eran dos almas gemelas dispuestas a encontrarse, cada una había recorrido una vida totalmente opuesta a la otra, era impensable que pudieran congeniar tan bien habiendo experimentado situaciones tan diversas. Emprendieron un viaje a lo desconocido con ganas de encontrar el giro de sus vidas y a mitad de camino acabaron coincidiendo. Nadie supo cómo, ni porqué, pero enseguida se convirtieron inseparables. Todo lo que para los demás eran incompatibilidades, para ellas se abría un punto en común.

¿Cuál fue el secreto?

He aquí lo que las unió: un corazón roto.

Como bien dijo Emily Dickinson una vez, nadie se acerca a un corazón roto sin el alto privilegio de haber sufrido lo mismo.

Después de todo

Ha pasado un año desde que comenzamos a ser conscientes de lo que acontecía a nuestro alrededor y que poco a poco fue llegando hasta nosotros. El caos que trajo la pandemia, la incertidumbre, el miedo, las pérdidas… Dijimos que saldríamos más unidos y más fuertes de todo esto, pero 365 días después parece que nada ha cambiado realmente.

La inestabilidad se erige como palabra clave de todo este proceso, como consecuencia de las metas a corto, medio y largo plazo que se han ido postergando por los diferentes giros de guion. Esos giros de guion que nos han sacudido y trastocado cualquier plan A y plan B dejándonos en un mar de dudas cada vez más inmenso. Quizás el hastío que sentimos venga de la mano de todas esas promesas incumplidas que se han quedado en palabras desordenadas cuando la cruda realidad llamaba a la puerta para que al despertar viésemos que seguíamos dentro de la pesadilla.

Hemos arrimado el hombro, hemos cambiado nuestro modo de vida y nos hemos adaptado a eso que decidieron llamar “la nueva normalidad”, pero nos hemos dado cuenta de que lo que teníamos antes tampoco era “normalidad” porque estamos llenos de diversidad y es lo que nos hacía crecer a diario. Nos encariñamos de las costumbres que nos hacían evadirnos de las dificultades del día a día y por desgracia, algunas de ellas no han podido reinventarse para acompañarnos en esta nueva etapa.

Con la llegada de las vacunas, todo un gran avance en esta lucha, parecía que se empezaba a ver la luz al final del túnel y de hecho para algunos así lo está siendo. Sin embargo, las malas costumbres que teníamos antes, parecen que se han agravado y persisten a pesar de todo; intereses propios o económicos, poder, política, etc. han conseguido que deshumanicemos las cifras que siguen existiendo y que se conviertan en meros números estadísticos que no tienen que ver con nosotros porque ya no llevan nombres y apellidos.

¿Qué nos ha pasado?

La verdad es que pensábamos que la pandemia iba a desaparecer con el cambio de año y que las medidas se aliviarían para movernos libremente por el mundo y creo que aún no somos conscientes de que no estamos en igualdad de condiciones y que algunas medidas llegaron para quedarse durante bastante tiempo, no son un castigo como algunos piensan, sino un salvavidas que tenemos que aprender a usar si no lo hemos hecho ya.

Todos soñamos con el “cuando todo acabe”, hay días que lo vemos más cerca y otros en los que la incertidumbre se apodera de nosotros y no nos deja ver con claridad las pequeñas cosas que tenemos delante y que hacen que tirar para adelante nos libere del miedo. No estamos en el tiempo de descuento aún, pero os animo a seguir remando en este barco de remo que tuvimos que construir en cada balcón, cuando los aplausos eran nuestra única gasolina. Ahora tenemos más alicientes para seguir luchando, así que aguantemos el chaparrón si tiene que llover de nuevo, porque sí, porque vendrá el arcoíris y aquí estaremos para inmortalizarlo. Porque después de todo, seguimos aquí.

La Cuisine (II): Bizcocho de chocolate

Bizcocho de chocolate

Hoy traemos un plato especial apto para toda la familia, sobre todo para los más pequeños de la casa: bizcocho de chocolate casero.

INGREDIENTES:
1 yogurt natural (utilizaremos el recipiente como medidor)
3 huevos
Azúcar (2 vasos de yogurt)
Aceite de oliva (1 vaso de yogurt)
Harina (2 vasos de yogurt)
Chocolate en polvo (1 vaso de yogurt)
Mantequilla
1 sobre de levadura

PASOS:
1. Precalentamos el horno a temperatura elevada.
2. En un cuenco, batimos el yogurt con los huevos y el azúcar.
3. Agregamos el chocolate en polvo y la harina y lo mezclamos todo.
4. Añadimos el aceite y después la levadura y mezclamos todo.
5. Engrasamos un molde con la forma que queramos que tenga el bizcocho con un poco de mantequilla.
6. Vertemos la mezcla en el molde y lo introducimos en el horno.
7. Lo ponemos a hornear a 180º durante 30-45 minutos.
8. Cuando se enfríe, lo servimos y decoramos al gusto.

El casting

Quién me iba a decir que aquel 14 de septiembre mi vida iba a dar un giro de 180 grados al encontrarnos por segunda vez… Tú no te diste cuenta, pero al presentarnos, inmediatamente recordé dónde te vi por primera vez.

Vivía en Roma con dos compañeros de la facultad y trabajaba en publicidad para pagarme los estudios y ayudar con el alquiler; un sábado por la mañana recibí la llamada de Bianca, mi agente, para realizar un casting para un cortometraje, tenía que estar el lunes a primera hora en un hotel de la Piazza de la República. Me pasé todo el fin de semana repasando el texto y eligiendo el vestuario para la prueba, pero ninguna prenda me convencía realmente, así que dejé la elección en manos de Paolo y Andrea.

No era el primer casting al que me presentaba, pero aquel día amanecí más nerviosa de lo habitual, como si mi cuerpo supiera que algo iba a pasar fuera de lo cotidiano. Cogí el metro y anduve un poco hasta el hall del hotel donde se encontraba el equipo de producción que se encargaba de informar a los aspirantes. Esperé paciente escuchando algo de música para calmar los nervios y centrarme en la prueba. Media hora más tarde, me hicieron pasar al salón de actos donde se estaba llevando a cabo la escena. La hice según lo planeado en mi cabeza y sin fallar en el texto, pero el director me pidió que me quitara las extensiones, el septum y que me desmaquillara, sin hacer ningún comentario sobre mi actuación. Procedí a ello y repetí la escena: “Gracias, puede irse”, fueron sus últimas palabras.

Salí de allí con una sensación extrañísima… daba por perdido este casting por lo que acababa de pasar, pero no iba a ser el primero ni el último en el que me decían que no, ya estaba acostumbrada. Cuando salía del salón de actos, una silueta llamó mi atención… alguien que corría de un lado para el otro como si las prisas vivieran en su cuerpo, pero con una seguridad arrolladora. Fue entonces cuando te reconocí… no me esperaba encontrarme a alguien como tú en un sitio como ese, sabía quién eras porque tenemos conocidos en común y en cuanto llegué a casa visité tu cuenta de Instagram para ver si habías puesto algo de aquel casting, pero no obtuve respuesta.

Los días pasaban y no recibía ninguna llamada acerca del cortometraje, pero Bianca me decía que no desesperase ni lo diese por perdido, que tenía una corazonada de que me iban a llamar. Sin embargo, conforme iban pasando los días, me iba importando cada vez menos aquella oportunidad y a su vez rememoraba más en mi cabeza el momento en que te vi… no podía sacarte de mi mente.

A Paolo y Andrea les encantaban los concursos de televisión, no había tarde en la que no merendásemos juntos con uno de fondo, era nuestro rato de desconexión. Un miércoles cualquiera estábamos frente al televisor con nuestros tés y biscotes esperando a que empezara un nuevo concurso que se había rodado en Sicilia hacía un mes y medio, en él los concursantes debían sobrevivir al día con 2€ que podían gastar o ahorrar para el día siguiente. Cuando empezaron a presentar a los participantes casi me atraganto… ¡otra vez tú!

Te seguí la pista aprovechando que salías en el programa y podía disimular que miraba tus redes sociales porque a mis compañeros también les gustaba cómo concursabas, pero nunca les dije que ya te había visto ni que casi soñaba con volvernos a encontrar. Días más tarde me llamaron los de producción de aquel casting en la Piazza de la República, contaban conmigo para el cortometraje… Bianca se alegró mucho más que yo que ya lo daba por perdido.

Después de aquel trabajo, llegaron otras oportunidades que me tuvieron bastante ocupada y centrada en lo laboral. Apenas tenía tiempo para distracciones y cuando podía desconectar salía a tomar algo por la ciudad con ganas de despejarme. No sé cómo pero parecía como si te hubiese olvidado… cuando terminó aquel concurso no volví a saber de ti, ni me molestaba en ver qué estabas haciendo por tus redes sociales… hasta que llegó septiembre.

El destino nos reunía de nuevo, pero esta vez más cerca, en el rodaje de una película en Noruega donde tendríamos que convivir 3 meses con todo el equipo y compartir una gran experiencia. Un “hola, ¿qué tal?” dio comienzo a nuestra historia.

Quiero volver a ser yo

Hace unas semanas se celebraron los Latin Grammy 2020, una 21 edición un tanto atípica por la situación que estamos viviendo, pero la música no quería dar paso a más silencio así que hizo acto de presencia. Una de las sorpresas de la noche llegó con el premio “canción del año” ya que había canciones repetidas hasta en la sopa durante todo el año, alcanzando lo más alto de las listas radiofónicas. No obstante, haciendo honor al lema de esta edición la música nos humaniza ganó la canción RENÉ de Residente.

Si aún no habéis tenido el placer de oír esta canción aquí os dejo el videoclip oficial donde el artista se desnuda y muestra su cara más honesta hablando de sus orígenes, su salud mental, de política y cómo llegó al estrellato y las consecuencias de éste.

Cuando recibió el premio a través de una videoconferencia emitió un discurso que creo vale la pena plasmar en esta entrada:

El arte no se hizo para hacer historia o establecer récords, esto no son las olimpiadas. Los números, los seguidores de Instagram, las views en Youtube no definen el arte tampoco. El arte para mí está hecho para que seamos reflejo de todo lo que nos afecta, está hecho para hacernos sentir libres y digamos lo que sentimos sin miedo, aunque nos cueste la vida. Nosotros como artistas debemos sentirnos incómodos para obligarnos diariamente a innovar y ser creativos. Esta noche veo mucho talento, también veo a veces, en ocasiones, mucha gente con miedo; miedo a que no los metan en una playlist de Spotify, miedo a no sonar en la radio, miedo a no vender… y en el arte no se puede tener miedo, esa es la diferencia entre ser únicamente negociante o un artista. Nosotros somos artistas y nuestra prioridad es hacer arte. Esta canción la hice sin miedo a ser vulnerable frente a ustedes.

Residente, Latin Grammy 2020.

En una sociedad en la que la comparación está a la orden del día desde nuestra infancia y en cualquier ámbito de la vida, donde las cifras sustituyen a las letras llega una canción dispuesta a hacernos reflexionar sobre la vida y sentirnos identificados con algunos pasajes de ella. Porque sí, todos hemos tenido bajones y a veces la vida no es color de rosa, las rosas también tienen espinas… y en ocasiones una palmadita en la espalda no es consuelo suficiente, a veces lo único que necesitas es soltar todo lo que llevas dentro hasta vaciarte.

Parece que cuando suenen las doce campanadas, este año la mayoría suspirará aliviada porque por fin se pone punto y final a un año caótico donde han habido más bajadas que subidas en la montaña rusa del día a día. Quizás en ese momento recuperemos un poco de la ilusión para recibir el 2021 con energías renovadas, para empezar a creer de nuevo.

Rotondas

El otro día iba conduciendo de camino a la playa cuando una frase procedente de una tertulia de la radio que tenía puesto mi copiloto interrumpió mis pensamientos… “los círculos no conducen a nada“. Qué capricho del destino fue escuchar esta frase cuando estábamos a punto de entrar en una rotonda, ¿eh?

Pues allí estábamos, a punto de entrar en ese círculo abierto esperando nuestra oportunidad, sí, nuestra oportunidad, porque no sé si lo sabéis pero a veces las rotondas se vuelven un tanto complicadas y es que la gente parece que ha olvidado que la carretera es de todos y que las prisas no son buenas consejeras al volante. También ocurre que cuando entras en una rotonda, no sabes muy bien cómo vas a salir por mucho que lo intentes señalizar a través del intermitente ya que parece que los otros conductores se saltan a la torera las normas de circulación y entran y salen como quieren; haciendo pantalla al de al lado, cruzándose de un extremo a otro, saliendo cuando otro coche está a punto de arrollarle… en fin, qué os puedo contar, un sinfín de imprudencias que hace que te replantees si realmente fue buena idea seguir ese itinerario lleno de rotondas pero que agilizaba tu viaje. 

Las rotondas también reciben el nombre de glorietas, podríamos decir que es para aquellos conductores que consiguen superarlas con éxito como si alcanzaran un pedacito de la gloria de la carretera. Y es que parece que a veces tenemos que recurrir a estrategias pueriles para comportarnos como seres civilizados, es decir, explicar mediante dibujos, recompensar lo que está bien hecho cuando se debería dar por hecho… así que ya que no está de más, me gustaría recordar cómo debemos circular en las glorietas a través de esta imagen: 

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Comenzaba mi relato con aquella frase de que los círculos no llevan a ninguna parte y al final hemos acabado dando unas pinceladas de teoría de conducir. No obstante, no quisiera terminar esta entrada sin profundizar un poco en esa frase que sacudió nuestra paz aquel día de playa. 

Puede que sea cierto, que los círculos no conduzcan a nada, que acabemos entrando en un bucle sin final y que no nos deje prosperar, pero puede que también esas vueltas nos hagan replantearnos muchas cosas y por qué no… si la vida da muchas vueltas, también creo que es necesario reconocer que qué vida dan esas vueltas a veces. ¿Cuántas veces has entrado en una rotonda y has acabado dando más de una vuelta completa porque no te aclarabas con el GPS y la salida que tenías que tomar? Hasta que al final, después de admirar el paisaje que tienes delante y que ya casi te sabes de memoria, te atreves a desafiar al mapa virtual y seguir con tu viaje.

¿Y si todos los círculos terminasen siendo rotondas? Que cada vez que nuestro pensamiento acabe encerrándose en un bucle sin salida, pudiéramos darle la vuelta a la situación abriendo ese círculo por varias partes, hasta convertirlo en nuestra glorieta favorita, esa con múltiples salidas y todas válidas. Que después de sopesar tanto una idea sea la brújula perfecta para indicarte el camino que siempre has querido recorrer, que no importen los baches ni las imprudencias del contrario, que tú llegarás sano y salvo a tu destino.


Recuerda que no llegarás tarde por muy cuesta arriba que parezca la pendiente y tengas que reducir la marcha… llegarás justo a tu tiempo.

Pdta.: Precaución, mi amigo conductor.

La Cuisine (I): Paté de berenjenas

Estrenamos nueva sección en el blog con un toque gastronómico. Platos, postres o bebidas al alcance de todos dispuestos a conquistar a cualquier comensal.

Hoy tenemos… Paté de berenjenas.

INGREDIENTES:

1 berenjena
1 yogurt blanco
1 diente de ajo
1 pizca de sal
1/2 limón o limón líquido


PASOS:

  • Partimos la berenjena por la mitad y la metemos al microondas en dos platos durante 8/10 minutos.
  • Vaciamos el interior de la berenjena en un recipiente apto para batir.
  • Añadimos al recipiente el diente de ajo y la pizca de sal.
  • Añadimos el yogurt blanco y el jugo de 1/2 limón (o limón liquido).
  • Preparamos para batir con la batidora.
  • Batimos hasta conseguir una crema espesita y la guardamos en el frigorífico hasta servir.

Servimos el paté en un plato y añadimos aceite de oliva, pimentón dulce, cominos y 2 hojas de hierbabuena. Lo metemos un minuto en el microondas y…

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