23 de abril

Olores inconfundibles,

tacto directo al corazón.

Historias de seres invisibles

que comparten vida con la razón.

 

Ideas abandonadas en busca de bombillas,

el cajón desastre de toda una vida.

Quién tiene la luz en forma de grafía

para esta página en blanco sin salida.

 

Unos los escriben, otros los leen,

pero siempre hay más de un motivo

para que por tu mente viaje lo que tus ojos ven.

 

Nunca fui una persona de calendarios,

pero en días como éste te escribo

este post como velas de aniversario.

Volar, lo que se dice volar…

Alguien dijo alguna vez que un avión es ese pájaro mecánico que vuela por el mundo transportando personas. Muchos lo consideran el medio de transporte más seguro, aunque por desgracia existan excepciones que nos sobrecogen el corazón.
Uno de los superpoderes más ansiados por el ser humano es la capacidad de volar: sentirse un dibujo animado en plena realidad, flotar y pasear con las nubes, dejando que el viento dirija nuestra travesía. Sentirnos libres en la inmensidad del cielo.

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Hoy por hoy he entendido que no hace falta levantar los pies del suelo para volar, que incluso viendo pasar los aviones a unos pocos metros de tu cabeza, con ese ruido impactante y esa fuerza que deja un olor a queroseno a su paso consigue hacerte sentir pequeña en medio de un trozo de tierra y entonces te das cuenta de que, a veces, las alas que parece que un día se cayeron o que alguien las cortó, simplemente permanecían dormidas aguardando el momento perfecto para alzar el vuelo.