Se pinchó la rosa

Tal vez nos equivocamos, pero qué bueno fue que nos arriesgamos. Somos canciones que disfrazan nuestras contradicciones, sin año ni lugar en el calendario. Dispuestas a sonar en cualquier bar. Puede que sea allí donde se esconda el ruido del desconcierto. Donde la melancolía consuele a la memoria volviendo loca a esta alma mía que nos toca. Nos llama la sinrazón aportando la solución, no sé cómo entenderla, ni siquiera sé si debo abrirle la puerta, no me pidas más… yo solo sigo al viento.

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