Micromomentos #7

La única manera de salir de un túnel es atravesándolo, aunque eso suponga tener que andar en la oscuridad.

A veces, por mucho que lo intentes no hay manera de seguir el túnel; da igual lo que sacrifiques si temes que no va a salir bien, puedes optar por sonreír y conservar la ilusión, pero si la has perdido sabes que es casi imposible recuperarla.

Quien diga que siempre hay una luz al final del túnel, miente. A veces no hay luz, no hay salida… todo se nubla y te inmovilizas ante el miedo.

De repente, tras el silencio, el eco se abre paso… empiezas a reconocer una extraña melodía que se acerca aunque no puedas verla… esa canción que nunca olvidarías llega para devolverte la esperanza.

La música no se para, el ruido recorre los pasillos que se van encendiendo al son del compás… y de pronto una voz cálida que nos invita a seguir adelante: “Bienvenido a la estación, sus trenes le aguardan“.

Micromomentos #6

¿Y qué si tiene fecha de caducidad? Si lo que vivimos en esta burbuja es ahora nuestra realidad. Sin reloj y al compás de mis latidos, te fuiste metiendo sin hacer ruido. De igual a igual… pero yo siempre quise más.

He aprendido quién soy caminando de tu mano, no he perdido el tiempo por mucho que me digan, ha sido la mejor inversión de mi vida. Me dan igual los kilómetros, las distancias compartidas, los silencios que gritan bienvenida, los rostros que te nombran siempre a medias dividida…

En cada estación una nueva despedida.

Micromomentos #5

El bar de las idas y venidas, al que todos recurren cuando no ven clara su salida. Pegatinas consentidas, miradas lascivas edulcoradas con más de una bebida. Suena la música, quizás toque bailar o quedarse a mirar desde el sofá. Mundos paralelos que se eclipsan al compás.

Entre tantos gustos compartidos, se encontraron aquellos dos indefinidos. Ni cómo, ni cuándo, ni dónde… no supieron darle nombre. Tras una búsqueda incansable, por el fin el punto en común más deseable: Mañana brindamos con tarta.

Micromomentos #4

Y entonces se dio cuenta de que sí había luz al final del túnel que aquella habitación, rodeada de cables como si de una bomba se tratase, albergaba en su interior un rayo de esperanza que nadie tuvo en cuenta. Solo le bastaron cinco minutos frente al espejo… cuando por fin dejó de llorar y atinó a secarse todas las lágrimas, la vio: la mirada de una auténtica guerrera. El destello en los ojos de una incansable luchadora de la vida.

Ahí estaba la salida. Ahí estaba la clave. Ella había tenido la solución todo este tiempo, pero nadie sabía cómo mostrárselo; todo poder conlleva una gran responsabilidad y hay que estar muy preparado para saber afrontarlo. Se perdió unos instantes en aquella luz que brotaba de sus ojos… y se sonrió.

Se sintió poderosa, ahora sabía que era capaz de todo. Se dio la media vuelta y sin perder la sonrisa, se ató el pañuelo a la cabeza y se repitió: ¡YO PUEDO!, ¡YO PUEDO!, ¡YO PUEDO! (…)

 

Tú, puedes. 

Micromomentos #3

Huyendo del ruido de la multitud, de los focos que arrojaban luz a todo aquel que quisiera su minuto de gloria. Vi un mundo lleno de artificios que parecía pintarlo todo de color, pero no hacía más que enmascarar una realidad paralela: el talento que se esconde en bambalinas. Los silencios que inundan estadios. Las miradas con los ojos cerrados. El respirar. Decidí quitarme los zapatos que tantos caminos me hicieron señalar para volver a sentir el calor de la vida andando de puntillas, sin luces ni purpurinas, esperando que en alguna superficie mi huella no se diera por perdida.

Micromomentos #2

Libretas empolvadas con mil historias empezadas y con miedo a recorrer; yacen hoy en mis manos los sueños que un día nos contábamos sin llegar a envejecer. Cómo el madurar nos hizo pequeños valientes y cobardes del azar. Tú, en la distancia, a veces infinita, lamentas los reflejos de tu ego que hablaron sin razón dejando en mil pedazos este ingenuo corazón.

Micromomentos #1

Se sentó en aquella parada esperando al tren que lo transportaba a su rutina todas las mañanas. Se escuchaban los lamentos de un violinista a través de las cuerdas frotadas con mimo. Y entonces… esa melodía, esa canción que cambió el color de la estación… cuando su memoria empezaba a poner cara a las sombras de aquellos sueños que se repetían constantemente, una voz evitó el descubrimiento: “…va a efectuar su salida en unos minutos”.