Le Petit Prince d’Andalousie

Estimados/as lectores/as:

Hoy 28 de Febrero de 2020 celebramos el Día de Andalucía. Además, este año tenemos la suerte de que estamos en un año bisiesto. Por lo tanto la magia y los buenos deseos están de nuestra parte.

Si habéis estado siguiendo las entradas más recientes habréis visto una referencia al Principito con Don Quijote. La historia de nuestro pequeño príncipe y su famosa frase «Lo esencial es invisible a los ojos» ha hecho que el hilo rojo vuelva a aparecer por estos lares conectándome con Er Principito Andalúh ( @principito_andaluh en Instagram ). Así que aprovecho esta entrada para felicitar a toda mi Andalucía y presentaros un proyecto que están llevando a cabo para salvaguardar nuestra cultura sociolingüística.

He aquí la iniciativa EPA:

La EPA es una propuesta de escritura desarrollada en 2017 y que nace a partir del debate entre diferentes colectivos, estudiosos y estudiantes de lengua española y lingüística provenientes de toda Andalucía. En ella, se intenta reflejar la modalidad lingüística andaluza de cara a la elaboración de una ortografía que permita su escritura a través de grafemas comunes a todas sus variantes.

Er Prinçipito Andalúh

prinZIo.jpg

Si tiramos de hemeroteca, antiguamente algunos/as periodistas andaluces que aparecían en los medios de comunicación nacionales debían modular su acento y esforzarse por utilizar el “español neutro” como si nuestro dialecto fuese algo vulgar y no apto para hablar de temas serios…

Por mi formación y constante contacto con los idiomas me he dado cuenta de que a veces la gente confunde “acento” con “pronunciación”. Independientemente de la Comunidad Autónoma que seamos, tenemos el “superpoder” de adaptar nuestro lenguaje a cualquier entorno y contexto para que conseguir que el proceso comunicativo cumpla su cometido y nos entendamos a pesar de nuestras diferencias, respetando nuestros orígenes y aprendiendo de los demás.

Para finalizar esta entrada, en lugar de poner el Himno de Andalucía o algún poema que probablemente cuelgue en otra red social, quisiera acordarme de aquellas personas que tuvieron que emigrar de nuestra tierra y que el sentimiento de nostalgia les acompaña cada día con una canción de Juanito Valderrama.

 

ANDALUZAS Y ANDALUCES, LEVANTAOS… SIEMPRE

ἐλευθερία

Érase una vez dos pájaros que vivían dentro de dos jaulas en casas paralelas. Cada pájaro era un miembro más en sus respectivas familias, incluso olvidaban que eran pájaros y se tomaban muy en serio su papel de animal de compañía.

Tal y como fueron pasando los años, los pájaros también crecieron, al igual que los integrantes de cada casa. Los pequeños que se habían criado con ellos estaban terminando su adolescencia a punto de llegar a la edad adulta, pero nunca se olvidaron de sus pájaros. En una de las casas, siempre tenían por costumbre sacar al pájaro de la jaula y dejar que volara libremente por la casa y así poder jugar más con él. En la otra casa, sin embargo, les daba miedo que su precioso pajarito se escapase y cuando tenían que limpiar la jaula se aseguraban de que todas las ventanas estuvieran cerradas.

El pájaro que solía revolotear por su casa notaba una pizca de libertad, pero siempre se preguntaba qué habría más allá de los cristales que le impedían el paso hacia aquel maravilloso paisaje… no le bastaban esos minutos de vuelo, necesitaba más, necesitaba tener el control de sus alas, pero sabía que ese momento nunca llegaría y con tristeza se resignaba a acostumbrarse a esa vida.

Un día, la familia que siempre sobreprotegía a su pájaro volvía al hogar después de una temporada de viajes y decidieron ventilar la casa después de tantas semanas cerradas a cal y canto. Empezaron a deshacer las maletas y a reorganizarse, sin prestar mucha atención al de al lado, cada uno concentrado en su tarea. Aquella concentración dio lugar a un terrible suceso para esta familia… con el ajetreo de las maletas, derribaron sin querer la jaula del pájaro, rompiendo el cierre de la puerta y dejándola abierta.

A aquel pájaro que nunca había salido de su jaula le aterrorizó la idea de que ésta se hubiese roto… ¿qué iba a hacer ahora?, ¿dónde iba a vivir? No sabía nada de la vida más allá de sus noventa barrotes… Tras un buen rato de dudas y lamentos, y con la familia aún sin darse cuenta de que la jaula no estaba donde debería, se armó de valor y salió de su jaula con un tímido aleteo. Le costaba mover las alas con fluidez, pues como sabéis había estado toda su vida encerrado sin poder dar rienda suelta a su pasión: volar.

Pasaron tres minutos y por fin pudo divisar una de las ventanas abiertas y aproximarse hasta ella. Empezó a descubrir un mundo nuevo, lleno de colores y espacios, cánticos que le resultaban familiares pero que no sabía por qué… Algo dentro de él le decía que tenía que salir, que tenía que conocer todo aquello y una fuerza empezó a brotar dentro de él… de repente sus alas se llenaron de energía y… voló.

Se fue en busca de respuestas a miles de preguntas que le atormentaron en el momento en el que se rompió su jaula. No estaba seguro de si las encontraría, pero su instinto le decía que había algo mejor para él que aquellos barrotes.

Al rato se escucharon gritos y llantos… era la familia que se había dado cuenta de que su hermoso pájaro había volado del nido, estaban muy tristes e incluso llegaron a discutir unos con otros por aquel descuido. No obstante, un silencio invadió el hogar cuando el abuelo tomó la palabra: Tranquilos, no os lamentéis por lo que acaba de suceder pues es ley de vida. A todos os he visto yo marchar de mi regazo y me costó entenderlo, pero siempre os di vuestro espacio y aunque marcara mis reglas, siempre tuvisteis un mínimo de libertad. Vuestro pájaro no ha conocido otra cosa que esta jaula… ¿créeis que eso es vida para un pájaro, el símbolo de la libertad? —todos agacharon la cabeza, pues sabían que tenía razón—. No sabemos si sobrevivirá al mundo de ahí fuera, si estará preparado para todo lo que se va a encontrar, pero de algo estoy muy seguro… esa criatura está hecha para volar. Ha sido un gran valiente al alzar el vuelo tras estar varios años encerrado en libertad, pase lo que pase, habrá merecido la pena. 

Me dejé

Dejé de jugar a fútbol porque la gente lo veía como un deporte de chicos y mis amigas no le encontraban interés salvo una de ellas con la que a veces pasaba el balón, pero esa rutina se fue perdiendo y cambiando por otros deportes “más femeninos” o más atractivos para el resto como el voleibol o las palas en la playa. 

Dejé de hacer gracietas 24/7 en modo vacile porque alguien se hartó y le cogí con el cable cruzado cuando me soltó: “ya está, illa (…) tú siempre igual”.

Dejé de juntarme con personas por otras personas.

Dejé de compartir lo que me gustaba porque a otra gente le saturaba.

Dejé de disfrutar cuando salía porque la responsabilidad caía encima mía y ponía el freno de mano.

Dejé de pensar que podía volar cuando me di cuenta de que mis alas estaban en un palacio de cristal.

Dejé partir al amor para no crear lazos emocionales con nadie y acabé atándome al recuerdo. 

[…]

Ahora que estoy aquí mirando al techo entre estas cuatro paredes maltrechas, me doy cuenta de que no dejé esas cosas, me dejé a mí misma al evitar continuar con lo que me hacía feliz anteponiendo el bienestar de otros a mi propia felicidad.

¡¿Y qué hago?!

Si el tiempo es una de las cosas que ya no vuelve jamás… ¿Cómo recupero todos esos momentos? ¿Cómo enmendar los errores y hallar la paz interior?

Tal vez ya sea hora de conectar los auriculares a mi corazón y escucharme a mí misma, hacer caso omiso a lo que en el pasado le restó credibilidad a mi raciocinio y empezar a poner mi verdad sobre la mesa. Construyendo desde abajo, pero firme. Y aunque intenten tambalear las piezas, moverlas de lugar, haré todo lo posible para que esta nueva torre no puedan destrozar.

Se pinchó la rosa

Tal vez nos equivocamos, pero qué bueno fue que nos arriesgamos. Somos canciones que disfrazan nuestras contradicciones, sin año ni lugar en el calendario. Dispuestas a sonar en cualquier bar. Puede que sea allí donde se esconda el ruido del desconcierto. Donde la melancolía consuele a la memoria volviendo loca a esta alma mía que nos toca. Nos llama la sinrazón aportando la solución, no sé cómo entenderla, ni siquiera sé si debo abrirle la puerta, no me pidas más… yo solo sigo al viento.

10473364_10204002583805928_6036173774110403863_n.jpg

 

Successful

¿Qué es el éxito?

Supongo que todos en algún momento de nuestra vida nos hemos hecho esta pregunta, sobre todo en una época en la que sentíamos que no avanzábamos y que todo el mundo de nuestro alrededor nos comenzaba a adelantar por la derecha e incluso por la izquierda sin tener siquiera tiempo de reacción.

Sentirnos estancados y poco realizados nos llena de inseguridades que nos conducen al error: compararnos con los demás. Nos pasamos la vida intentando cumplir nuestros sueños, tropezando con miles de piedras, cayendo y sufriendo con cada puerta que se cierra delante de nuestras narices, y cuando vemos que alguien lo consigue aparentemente sin el mínimo esfuerzo nos sentimos los más fracasados del planeta. Olvidamos todo el camino recorrido y alargamos el poco trayecto que nos queda para plantar la bandera en la cima.

Puede que la sociedad y la constante lucha por la supervivencia en un sistema en el que siempre se ha fomentado la jerarquía y no la equidad nos haya llevado a esta vorágine de sentimientos contradictorios; la envidia sana por que a un amigo le vaya bien en lo que tanto lleva trabajando, los celos por aquel desconocido que consigue a la primera tu puesto de trabajo y el sentimiento de frustración propia.

La verdad es que estos sentimientos derivan de un profundo desconocimiento de la realidad y de la influencia de los prejuicios. Llevamos siempre un embudo a cuestas cargado de «yoísmo» por el que nuestros problemas serán sin duda los más grandes del mundo y no seremos capaces de ver que tal vez nuestro vecino esté en la misma situación o que incluso su camino sea más complejo que el nuestro pero que cuyas circunstancias personales o profesionales no conocemos, solamente nos fijamos en el resultado; en ese cuadro enmarcado en la pared, en el trofeo más reluciente de la vitrina, en la foto de portada de su perfil de Facebook donde tan feliz se le ve, etc.

No somos capaces de ver que donde la luz alumbra hoy, puede que un día también formase parte de la oscuridad de las bambalinas donde ni los operarios sabían que existía; pero claro, esa parte no suele mostrarse nunca ni guardarse como oro en paño. Ahí está el gran error del concepto más extendido del éxito.

El éxito no se trata de resultados, sino de todo el proceso que te ha llevado hasta ahí. El éxito no da ni quita la razón a las cosas, el éxito es hacerlas y cada uno tenemos un éxito personal y diferente. Es más, el éxito se mide por tu camino, no por mirar el de los demás. Para alguien el éxito puede ser trabajar en lo que le gusta y ganar mucho dinero y para otro poder estar en casa tranquilamente viendo una película un domingo por la tarde con su familia; o tener el coraje de afrontar el miedo a las alturas para coger un avión cada fin de semana y descubrir un lugar diferente; o conseguir la aprobación de un familiar que no apostaba por tu talento…

Estamos tan acostumbrados a hablar de lo que podemos ver o tocar que aquello que no es perceptible al ojo humano y va más allá de un objeto o reconocimiento público lo pasamos por alto y pensamos que porque alguien dedicado a la vida pública deje de aparecer en televisión ya ha pasado a ser un juguete roto, pero nada más lejos de la realidad, puede que esté ganándose la vida en otro sub-sector que le permite ser feliz y ahí, haciendo lo que le gusta de una manera más humilde a la visión de la farándula, reside su éxito.

No se trata de encasillar a alguien por los triunfos cosechados, sino de valorar las veces que ha sabido levantarse después de cada «no» y ha seguido adelante aunque aún no haya llegado a la meta fijada. Cada día está más cerca de ella, pero no lo sabe y tal vez piense que vive en una tormenta constante, sin embargo, cuando menos se lo espere, un arcoiris brotará de la aparente nada y una calma le inundará como si de un alivio se tratase… solo es cuestión de esperar, tener claras tus ideas y no tirar nunca la toalla.

Nosotros mismos nos ponemos los límites y nosotros mismos podemos superarlos. Ser feliz, a nuestra manera, no hacen falta más etiquetas.

Rutina

Se acabó el encontrar aparcamiento fácil y rápido en la ciudad.

El ir a comprar al supermercado sin estar abarrotado.

Ya no disfrutaremos sin preocupaciones de los bares.

Las fotografías de este verano parecen un espejismo en nuestros álbumes de fotos o tarjetas de memoria.

Canciones de despedida con sabor natural o brisa marina.

Ir por la vida sin reloj sin prisas ni control.

[…]

Vuelves,

Vuelves a despertarme cada mañana, el azar de mis pisadas decidirá la jornada.

El ruido que todo ensordece.

Reencuentros que sanan las heridas de aquellas despedidas.

Ilusión que ilumina el camino que aún nos queda por construir.

Y aún me pregunto si tu vuelta me gusta.

¿Por qué me perturbará tanto que te nombren?

Si tú guías las riendas de mi disparatada vida.

Eres necesaria para encontrar el norte

cuando no paro de soñar con el sur.

Aún me quedan promesas incumplidas,

bocetos que dibujan mis días e ideas compartidas.

No quiero ser noche sin luz,

juzgué sin creer lo que son;

enciende mi caos y perdóname tú.