Octubre, qué bueno que viniste

Hay quien brinda por el año nuevo en diciembre y hay quien espera a septiembre para poner en marcha sus nuevos propósitos. Fíjate si estábamos tan (des)concentrados que ya ha llegado octubre a llamar a nuestras puertas.

En una vorágine de emociones, este año ha pasado volando y casi no me ha dado tiempo a pestañear. Ya sé que aún quedan meses para que acabe el año, ¿pero qué más da cuándo empezar? Lo importante es agarrarse a la vida con fuerza y disfrutar todo lo que puedas.

Muchas veces me pregunto por qué me toca a mí apretar los dientes y seguir… ¿tantas lecciones tengo pendientes de aprender? Será que me enamoré de las piedras y me gusta tropezar una y otra vez.

Quizás la antigua versión de mí se eche a reír de la incredulidad cuando le cuente cómo hemos acabado aquí… sí, yo también me he actualizado como vuestros smartphones.

He conocido la derrota, he tocado fondo, he llegado a sentirme prisionera del laberinto de mi cabeza… un sinfín de inseguridades en las que sigo trabajando, pero hoy por hoy puedo decir que estoy en el camino correcto.

También la vida me ha regalado a personas maravillosas, me ha dado la oportunidad de vivir experiencias que pensaba que no estaban hechas para mí y si ya creía en el destino, ahora ni te cuento.

Me he convertido en toda una Life Manager estos meses, aprendiendo poco a poco a gestionar cada aventura que se me presentaba por delante. Algún día os contaré más detenidamente qué he estado haciendo, pero sólo quería pasarme por aquí para comunicaros que seguimos contando historias y que siempre hay una más que contar.

Ilusionada y agradecida, qué chula la vida.

Ya era hora de ser feliz.

Rutina

Se acabó el encontrar aparcamiento fácil y rápido en la ciudad.

El ir a comprar al supermercado sin estar abarrotado.

Ya no disfrutaremos sin preocupaciones de los bares.

Las fotografías de este verano parecen un espejismo en nuestros álbumes de fotos o tarjetas de memoria.

Canciones de despedida con sabor natural o brisa marina.

Ir por la vida sin reloj sin prisas ni control.

[…]

Vuelves,

Vuelves a despertarme cada mañana, el azar de mis pisadas decidirá la jornada.

El ruido que todo ensordece.

Reencuentros que sanan las heridas de aquellas despedidas.

Ilusión que ilumina el camino que aún nos queda por construir.

Y aún me pregunto si tu vuelta me gusta.

¿Por qué me perturbará tanto que te nombren?

Si tú guías las riendas de mi disparatada vida.

Eres necesaria para encontrar el norte

cuando no paro de soñar con el sur.

Aún me quedan promesas incumplidas,

bocetos que dibujan mis días e ideas compartidas.

No quiero ser noche sin luz,

juzgué sin creer lo que son;

enciende mi caos y perdóname tú.